Creo que, en el fondo, siempre supe que algún día iba a emprender. Si miro atrás, veo todas las veces en que intenté algún negocio en distintos rubros -siempre con alguna amiga/socia, en los que, si hubiésemos querido, podríamos haber sacado algo bastante más provechoso de ellos. Pero ahí está justamente la respuesta; en ese momento no estaba preparada y creo que es algo que solamente hoy puedo entender.

En esos años, esos “intentos” nunca fueron más que eso, desde el día uno. Era una especie de patrón que iba siguiendo, probablemente a la espera de encontrar algo que de verdad quisiera hacer, algo con lo que realmente comprometerme a largo plazo.

Veía un potencial negocio, se lo comentaba a una amiga que estuviera “en la misma”, nos poníamos de cabeza a averiguar todo lo necesario, poníamos algo de plata para invertir en materiales, nos inventábamos un nombre, creábamos las cuentas pertinentes en redes sociales, y nos lanzábamos de cabeza a hacer algo que nos encantara. No nos iba mal, podríamos haber hecho harto más de haber querido, pero las ganas se topaban -al menos por mí parte- con una pared. Un muro desmotivante construido con el miedo de salir de mi zona de confort, con el miedo de amarrarme a algo y con alguien, con el miedo a atreverme. Miedo, miedo, miedo. Incluso creo que el haber buscado siempre a una amiga para hacerlo juntas, aunque por supuesto en ese momento no se sentía así, respondía en cierto grado a mi sensación de “sola no soy capaz”, porque era así como me veía hasta hace muy poco.

No podría decirles que hoy no tengo miedo, porque sería una mentira absoluta. Estoy CAGADA DE SUSTO. Estoy aterrada. Pero ese miedo que antes me paralizaba, hoy me empuja. Es un miedo cubierto de vértigo, y es un vértigo que, de alguna manera, hoy se siente bien. Supongo que es porque viene acompañado de un nivel de madurez que antes no tenía. Una madurez que me dieron los años, las experiencias, los “intentos de”. Básicamente todas esas cosas que ahí quedaron dando bote en alguna parte del camino.

Hoy veo las cosas de una manera distinta. Hoy me hago cargo y soy yo quien toma las decisiones, no como antes en que chocaba con ellas de frente y terminaba aceptándolas porque no me quedaba otra opción. Esto ha implicado muchas cosas que, años atrás, en mis eternas búsquedas, jamás tomé en consideración. Hoy tengo la capacidad y la valentía -¡incluso hoy puedo decir con orgullo que soy valiente!-, de entender que aunque sienta que quiero comerme el mundo, quiero hacer las cosas bien. Y que, para eso, necesito ayuda (algo que no saben cuánto me cuesta reconocer).

Hasta ahora, en esta aventura que recién comienza, ya me vi superada en un par de situaciones que, entendí, me estaban sacando de mi foco. La antigua Dani, se hubiese puesto de cabeza a solucionarlo sin detenerse a pensar que quizá ella no era la más adecuada para darle solución. Hoy, aprendí a pedir ayuda. Acepté, sin vergüenza alguna, que no sé nada de contaduría, balances o flujos, y me puse a estudiar. No sé por qué, antes, aceptar estas cosas o mostrarme vulnerable, me parecía una debilidad enorme. Hoy, me enorgullece hacerlo quizás porque comprendí también que, si quería tener algo REAL, tenía que partir por ser real yo. Por ser quien soy.

Sé que me queda un mundo por delante, y que este tiempo que llevo preparándome, ha sido una pequeña muestra de lo que se me viene. Estoy agotada, paso mucho menos tiempo que antes en la casa (ya se viene otro post sobre eso, mamis emprendedoras), y antes incluso de lanzar mi web, he tenido que lidiar con una infinidad de personas/problemas/caracteres que me han ido enseñando a ser más flexible, a adaptarme a los tiempos de otros, a que no todo depende de mí. A soltar. Algo que me cuesta tanto.

No sé bien qué pasó en estos dos últimos años en que me convertí en esta mujer a la que a veces miro de lejos, y se me caen las lágrimas del orgullo. Y lo digo en serio, me emociono profundamente del crecimiento que he tenido. No sé qué fue lo que me hizo, en algún minuto, empezar a quererme más, a confiar en mí, a hablarme mejor. No creo que haya sido un hecho en sí, sino la acumulación de sueños que tenía adentro que en algún minuto decidieron salir, que no aguantaban más. Pero sucedió, y aquí estoy, metida de lleno.

No sé si mis reflexiones locas le servirán a alguna de ustedes, pero espero de todo corazón que así sea. Siento que tengo una energía que no puedo no compartir. Sea donde sea que estén, si aún no se quieren nada, si están empezando como yo, o si son ya grandes y seguras empresarias de la vida, sepan que aquí son siempre bienvenidas.

Un abrazo,

Dani.

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