¡Perdón, perdón, perdón!

Ay blogcito querido, ¡te tengo tan abandonado! No creas que me he olvidado de ti, de hecho, todo lo contrario. Te recuerdo día a día con culpa, una casi similar a la que siento esas tardes soleadas en que tengo a mis hijos en la casa con la nana, y yo en vez de sacarlos estoy feliz trabajando.

 

Ya se va el año y he sido tan egoísta contigo. Pero no creas, por favor, que es por falta de cariño. Paso los pocos minutos libres que tengo al día anotando cuanta idea se me ocurre para ti en las «Notas» del celular, como una promesa muda de que algún día volveré, de que no te he olvidado.

 

Pero sé que esto es de a dos. Que tú has estado siempre aquí para mí, y que, sí, cliché, «no eres tú, soy yo». Así que te propongo una tregua. Dame una oportunidad de reconquistarte. Comenzaré dentro de poco a serte sincera, a contarte los más íntimos detalles de lo que sabes que más me apasiona. Serás el fiel testigo de lo que me llena el alma, de mis cuentos, textos, o simples cabos sueltos unidos sólo por el placer de escribir.

 

Te iré llenando de todo mi cariño, allá tú lo que decidas hacer con él. Hasta muy pronto querido… ¡Y perdóname otra vez!

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