Para mi papá

En pocos meses más se cumplen cuatro años desde que te fuiste. Cuatro años que se sienten a veces como 20, y otras como si sólo hubiesen pasado un par de semanas. Y aunque con todo el dolor que ha significado tu partida, son éstos espacios en mi vida, los momentos y fechas importantes, en los que más me haces falta.

 

Te fuiste un 25 de noviembre del 2010, cuando yo tenía 6 meses de embarazo de mi primer hijo, tu primer nieto. Sé que luchaste como pudiste para conocerlo. Me consta. Y por eso, dentro de la pena que sentí y sigo sintiendo, la noche antes de tu partida, te pedí que te fueras. Te dije que yo iba a estar bien, que tu nieto iba a estar bien. Sé que eso era lo que necesitabas escuchar para poder irte en paz, y tuve razón. Sé que lo que más querías en el mundo era conocerlo, pero también sé que no hubiese sido justo para ninguno de los tres que tu condición no te hubiese permitido disfrutarlo cuando Julián llegara a este mundo.

 

Hoy, inevitablemente todo se me repite, en la cabeza y en el corazón. Mi segundo hijo va a nacer en cualquier momento y aunque he sentido tu cuidado y tu presencia desde el primer día de este embarazo, han sido estos últimos, los días más difíciles. Creo que soy feliz, papi. Tengo una familia maravillosa, un marido que no sólo es un excelente hombre, sino que además un papá cariñoso y comprometido, un hijo sano y alegre, una relación preciosa con mi mamá y mis hermanos… Pero me es difícil no pensar en cómo hubieses sido como abuelo, en lo orgulloso que estarías hoy de mí, y de lo que he formado.

 

Y aún así estoy bien. Creo que por fin acepté que este sentimiento me va a acompañar el resto de mi vida. Esta duda que sólo puedo responderme yo al cerrar los ojos e imaginar cómo hubiese sido, cómo te hubiesen dicho mis hijos, si estarías en cuatro patas jugando con mis niños como yo me imagino. Eso que sólo D’s sabe por qué no pudo ser. En cada cumpleaños, cada logro de mis hijos, en sus primeros pasos y palabras y, más adelante, en muchos años más, cuando se casen, o cuando se conviertan en padres, sé que me harás falta una vez más, con una intensidad que sólo yo logro comprender. Con una angustia que sólo yo puedo manejar.

 

Solamente necesito de vez en cuando ponerlo en palabras, botar un poco esta pena para alivianar mi corazón y dar espacio a los maravillosos momentos que se me vienen por delante, porque hoy lo veo desde otra perspectiva. Porque hoy, luego de casi cuatro años y a punto de ser mamá por segunda vez, sé que justo mientras escribo estas líneas, estás parado a mi lado, sonriente y orgulloso. Y si cierro los ojos, si me concentro sólo un poco, escucho tu voz, esa que tanto extraño, diciéndome «te amo negrita» y con eso, con tan poquito, ya puedo respirar un poco mejor.

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