Nota mental: Respetar sus tiempos

Por la cresta que difícil que es criar. Lo bueno es que siento que muy -MUY- lentamente, con el segundo hijo al menos me voy adelantando a algunos conceptos, así que asumo que va a crecer levemente menos traumatizado que el primero. Repito, levemente. Y si tuviera que elegir algo así como un subtítulo para apoyar el ensayo general de la maternidad, hoy que ando inspirada, les cuento que el primero sería «Cada niño tiene su propio timing. Respetarlo es FUNDAMENTAL».

 

Si miro atrás, creo que los grandes cagazos* de mamá que me mandé con Julián, fueron por dos razones. Primero, el comodín «madre primeriza e inexperta». Nos pasa a todas. La que esté libre de pecado, BULLSHIT. El segundo, -que va total y completamente de la mano con el anterior-, es no haber respetado sus tiempos y haberme dejado llevar por la presión que muchas veces me auto impuse sin que nadie me dijera nada, y otras veces sí lo hicieran -seguramente sin quererlo, no daré nombres-, porque alguien cercano opinaba que «el niño estaba atrasado en dejar los pañales para la edad que tenía» o «¿no crees que ya vendría siendo hora de que deje el chupete?», sólo por mencionar un par. (*Antes de seguir quiero aclarar que cuando digo «cagazos» no me refiero a ningún tipo de negligencia sustancial, no se asuste).

 

Hoy que estoy más grande (ya, sí, más vieja), más sabia, más segura como mamá, entiendo mejor que cada niño es distinto, que mi hijo mayor, de hecho, -que es tremendamente tímido-, tiene otros tiempos y que para sentirse seguro y contenido, necesita que se los respete. Que me ha demostrado de mil maneras que él necesita saber qué terreno pisa antes de lanzarse en cualquier aventura y que eso sólo significa que es un niño brillante. Que cuando pienso con calma en cómo enfrentar un nuevo tema en su crianza, y pienso sólo en él, sin compararlo ni fijarme en nadie a su alrededor, no sólo no tiene ningún problema, sino que además, me sorprende y llena de orgullo en cada paso.

 

Hoy sé que me importa un pepino que todo el curso de Martín deje el pañal de noche a los 2 años, porque él no lo va a hacer hasta que YO que soy su mamá lo diga. Hoy me siento empoderada como mamá, muchísimo más que hace un par de años. Y creo que eso es justamente lo que mis hijos necesitan. Una mamá que los conozca ante todo y los respete. Porque guiarse por los tiempos ajenos es de una u otra manera, faltarles el respeto. Forzar sus procesos es no confiar en nuestros hijos, no tenerles fe.

 

Sé que hay varias por ahí que piensan como yo. Y sí, probablemente los vamos a traumar con algo igual pero, al menos, intentemos que no sea por esto. Y para ti mi Juli, si algún día cuando crezcas este blog aún existe y llegas a él, ME LLENAS DE ORGULLO CADA DÍA. Gracias por ser mi adorado y más hermoso conejillo de indias… Y que conste que yo también soy hermana mayor y creo que, después de todo, no estoy TAN mal.

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