Está bien no saber (todavía) lo que quieres

Siempre supe en qué mes quería casarme. No sé por qué tenía desde adolescente una fijación con Noviembre. También cuántos hijos quería tener y a qué edad. Tenía -dentro de mi desorden-, organizadas pequeñas cosas del futuro que «debían» ser así. Y aunque en el camino hasta hoy ocurrieron muchísimos eventos que no tenía contemplados, de cierta manera hubo otros tantos que sí llegaron a cumplirse según estaban previstos por una TOC irremediable.

 

Soy una persona que NO PUEDE llegar tarde. Me supera. Prefiero hacer hora en el auto -donde siempre tengo algo que hacer por si tengo que esperar mucho rato-, que llegar después de la hora. Soy extremadamente correcta en demasiadas cosas que no lo valen tanto. No me refiero a los valores, a las cosas sustanciales. Esas por suerte las tengo bien puestas. Sólo digo que de repente me gustaría que más cosas me dieran lo mismo, entender de verdad que si por una vez no hago lo que había que hacer no va a pasar nada, tener un poco más de confianza en mí, vencer esa fobia social que tengo y que las pocas personas que realmente me conocen, saben. No ponerme roja cada vez que hablo, no ser la mamá que siempre llora en las presentaciones del jardín, atreverme a viajar sola, no tenerle pánico a las montañas rusas, a perder el control, y tantas, tantas otras cosas.

 

Pero tengo 33 años y de a poco voy aceptando algo que es clave: ES LO QUE HAY. Siempre he tratado de ser la mejor versión de mi misma, educar a mis hijos con el ejemplo más que con las palabras, pero hay cosas que ya no van a cambiar. Y eso está bien. Eso también está bien.

 

Parte de este intento de aceptación personal viene de la mano de un pequeño caos interno. Siempre he pensado que no hay crecimiento sin crisis, que sin ellas uno no avanza, y luego de luchar años por decidir qué rumbo tomar en lo laboral, me estoy dando cuenta de que NO PASA NADA si aún no sé qué quiero hacer de mi vida. Que si tengo facilidad e inclinación por dos áreas distintas no es un problema, que tarde o temprano va a llegar aquello que me llene. Que quizás no es sólo una cosa, que en mi caso sí pueden ser varias, que en cada paso que he dado, en cada nuevo registro grabado en mi CV, hay años luz de un crecimiento sutil e invisible para un ojo cualquiera, pero que solo yo puedo verlo, entenderlo, y sentirme orgullosa de ello.

 

Hay personas que pareciera que la tienen clara desde siempre. Que siempre tienen la misma pareja, se visten de la misma onda, trabajan toda la vida en la misma empresa, usan siempre el mismo corte de pelo. Personas 100% estables. No es mi caso, como ya pudieron darse cuenta. La diferencia es que hoy sé con certeza que está bien no saber (todavía) lo que quiero. 🙂

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