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Dicen que hay años para hacer(se) preguntas, y otros para encontrar las respuestas. Para mí, el 2019 fue, definitivamente, del segundo tipo.

Tratando de hacer un resumen mental de todo lo que pasó (y ojo que acá estoy considerando únicamente mi historia personal), me siento como si ésta no fuese mía, como si me estuviesen contando algo sobre una persona a quien no conozco. La historia de otra Daniela, en otra parte del planeta, en una especie de universo paralelo. Y es que sinceramente hace no mucho tiempo, no hubiese sido capaz de sobrellevar todo lo que viví en los últimos 12 meses.

Trataré de ser breve, queridas, aunque saben que no es mi fuerte cuando se trata de escribir.

Partí el 2019 de manera poderosa, podría decirse. Se me metió en la cabeza, hace extactamente un año, que quería hacer mis propios cursos online. Quería llegar a más gente con mi terapia. Quería tener una página web que me representara. Algo más concreto, más real. Quería tener una MARCA. MI MARCA. Eso significaba no sólo una gran inversión, sino que llevar mi “pequeño emprendimiento de Instagram” a algo más grande. Significaba atreverme a dar ese salto que siempre me dio pánico. Desde cosas tan mínimas como el tener que relacionarme con contadores, con planillas Excel… ¡Con el SII! (Temas de los cuales no entiendo NADA), hasta poner mi cara en una página web y mi nombre en un producto usables y comprables. Miedo a mí misma, básicamente.  A no podérmela. Inseguridad pura (¿la base de todo, no?). Ese “para qué intentarlo si no voy a ser capaz”.

Por otro lado, si yo les explicara el pánico escénico que tengo (sigo trabajándolo), y lo introvertida que soy, no me lo creerían. Cuando me invitaron a dictar mi primer taller presencial, me persiguieron casi 3 meses hasta que me convencieron de intentarlo, porque hablar frente a la gente me era algo extremadamente difícil. Me pongo roja con una facilidad insoportable y pensar en enseñar algo que había aprendido sola, tampoco me hacía sentido. ¡¿Quién soy yo para dar clases?! ¿Quién va a querer escucharme A MÍ? (Nuevamente, gracias inseguridad).  Así que el nuevo desafío de enfrentarme a grabar cursos online, tampoco me hacía demasiada gracia.

Pasaron los meses entre cursos de Excel, de contabilidad básica (todavía no entiendo nada, pero al menos ya diferencio una boleta de una factura), de búsqueda de proveedores, de compras de telas, de muestras fallidas, de malos ratos, peleas, atraso de mi web (iba a salir en mayo, salió finalmente en septiembre), problemas con la patente de mi oficina, marchas blancas interminables, etc, etc. «Happy problems» como suelo llamarles. Cosas a las que me enfrentaba por decisión propia, pero que me tenían agotadísima y bastante estresada.

Aún así, creo que nunca, pero nunca en mi vida me había sentido TAN completa como cuando hice la primera sesión de fotos para mi web en algún momento del segundo semestre. No sabría describirlo con precisión más que decirles que si hubo un momento en que supe que iba en el camino correcto, fue ese (foto de evidencia en la portada de este post).

Todavía sonrío cuando miro las fotos del backstage porque siempre les cuento que el proceso de convertirme en la Dani con Lápiz me tomó por sorpresa, desde el día uno. Pero en ese minuto sentí que se estaba haciendo real. Había logrado hacer talleres frente a desconocidos (¡y volvían por más!), había armado el diseño de mi web según lo que tenía en la cabeza, había hecho productos que me enorgullecían, había grabado cursos completos, útiles, entretenidos, era yo quien por primera vez en su vida no se avergonzaba de salir en una foto en primera plana en la web. ¡Era yo quien dejaba de esconderse! Era yo, -la niñita tímida y retraída que siempre quiso pasar piola-,  la misma que en ese momento usaba el pelo rosado que siempre había soñado sin importarle DE VERDAD la opinión del resto.

El 2019 crecí. Y mucho. Llevaba un buen tiempo haciéndolo a pasos agigantados. Pero al igual que nos pasa con nuestros hijos, cuando estamos muy encima nos cuesta más verlo. Hoy, recuerdo todo esto y mi avance me parece a veces hasta irreal.

Con el lanzamiento de la web y la adaptación a su funcionamiento, a mandar paquetes, planchar poleras, envolver las cosas sin gastar mucho pero haciendo un packaging “a mi estilo”, respondiendo correos, todo avanzó rápido. Demasiado rápido. Estaba cansada, la verdad. Volvía a oír esa maldita voz  que me recuerda cada dos por tres, que quizá ya ha sido demasiado. Que probablemente todo esto me va a aburrir tarde o temprano. Que para qué quiero más. En ese preciso minuto me decía que haber lanzado mi web ya era suficiente, que lo dejara hasta ahí. Odiosa, sí. Y créanme que hago todos los días un enorme esfuerzo por no escucharla. Porque no me invada el pánico.

En octubre, mientras Chile despertaba, yo me estaba separando después de 11 años de matrimonio + 3 de pololeo, con dos hijos de 8 y 5 años, y una Rita Pé.

Por respeto a mi familia, a mi ex marido y, en especial a mis niños, no entraría jamás en detalles. Pero fue duro. Sigue siéndolo. Y sé que será una herida que costará sanar aún cuando tengo la tranquilidad de haber hecho todo lo que estuvo a mi alcance durante mucho tiempo.

Sé que es un proceso largo, y yo que soy de poca paciencia, a veces me desespero. Quiero correr, teletransportarme, cerrar los ojos y que de repente, todo esté listo y solucionado. No tener que atravesar por esto, que mis niños no tengan que hacerlo. Pero si digo que este año ha sido de respuestas, es justamente porque hoy veo mi proceso. Hoy veo mi crecimiento. Soy consciente de ello. Siempre me ha costado valorarme. Siempre he sido tremendamente insegura. Pero hoy siento que cada pasito ha valido la pena y que, de verdad, no importa que nadie más haya podido siquiera percibirlos. Porque fueron esos pasos pequeños, los que para mí hacían una diferencia, los que uno a uno me trajeron al día de hoy.

Cada una de las frases que escribo, me las escribo a mí misma. Les prometo. Quizá es por eso que hemos enganchado tan bien ustedes y yo. Porque son reales. Son frases que necesitaba escuchar y que, si seguía esperando que alguien me las dijese, me hubiese convertido en piedra hace ya mucho rato. Así que me las empecé a decir yo. Y me ayudó, me ayuda. Y sé que a muchas de Uds también y eso es lo que más me alegra de todo esto. Me gusta ser un aporte. Me gusta que mi propia historia sirva para otras mujeres que no saben aún lo que son capaces de lograr. Me gusta que mi marca Dani con Lápiz, sea yo. Que me haga sentido cada cosa que hago o publico. Que sea consecuente y real. Sobre todo, real. Me gusta sentir que he sido valiente. Y que voy de a poquito rompiendo con todo eso que yo misma había sentenciado que no podía hacer.

Cierro este año tremendamente agradecida. Siento que sería una persona realmente pobre de alma si no me sintiera así. A pesar del dolor, de la pena, de la incertidumbre que hoy siento, sé que tenía que pasar por todo esto, necesitaba estas respuestas.

Así que la primera pregunta que se me ocurre para este nuevo comienzo es:

¿Cuán lejos quieres llegar este año, Dani? ¿Cuán lejos quieren llegar ustedes?

Feliz 2020 queridas. ¡Con todo el fua! 💪🏻❤️

Un abrazo,

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