Diciembre

No sé de quién habré heredado lo melancólica, pero es una de mis características más definidas. Estar empezando el último mes del año, y a punto de cambiarme de casa, tampoco ayudan demasiado a alguien como yo, que llora hasta con los comerciales. Y como además soy bien mina para mis cosas, cae de cajón que tenga que analizar a fondo mi 2015. Esa es mi manera de avanzar. Así es que si por alguna razón que no comprendo lees mi blog, y extrañamente te interesa mi año, aquí voy.

 

El asunto es que siento que el 2015 lo cierro bien, y eso me enorgullece. Este año tomé decisiones importantes, y aunque no comenzó bien ni fue fácil, decidí no hundirme, y no lo hice.

 

Renuncié a un trabajo porque decidí ser fiel a mi misma. Esa pega no me hacía feliz, y lo supe desde el primer día en que pisé ese lugar. Esa no era yo y el tiempo me terminó por dar la razón. Me costó, porque no soy de quedarme quieta, pero con la mente fría decidí finalmente darme el tiempo que merecía para aceptar, lidiar y esperar la evolución de la alergia y el trastorno digestivo de Martín, que hoy por fin veo más cerca. Sin presionarme, escuchando tanto mis necesidades como las suyas, y en especial, sin desesperar. Aunque no niego que tuve momentos de crisis, terminé hasta por reírme de la situación. Darle tiempo al tiempo muchas veces termina siendo el mejor de los remedios cuando uno acepta que ya no queda nada más por hacer que esperar y confiar. Soltar. Esa creo que ha sido una palabra clave para mí este año.

 

Superé con creces mi trauma acuático que, aunque suene gracioso, ha sido un enorme paso en lo personal. Avancé, perdoné fechas y dolores, aprendí de mis errores, me hice ese nuevo tatuaje que tenía pendiente conmigo misma hace ya varios años, me liberé de pesos importantes, me quedé cerca de las personas que se merecen estar en esa ubicación, fui fiel a mis creencias y de una sola línea, marqué mis límites, empecé a estudiar Kabbalah, me enamoré del lettering, fui una buena amiga, y más, hartas pequeñas pero grandes cosas más.

 

Y por todo eso, y porque, les advertí que soy melancólica, es que no puedo dejar de emocionarme al analizar este año, al empezar este mes y al estar a 3 días de irme de mi primer hogar de casada, donde nacieron mis hijos, donde aprendieron sus primeros pasos, donde me llamaron mamá por primera vez, donde mi papá estuvo sentado en mi terraza viendo el atardecer y compartiendo con nosotros más de un asado, donde su recuerdo sigue latente en cada rincón. No puedo dejar de emocionarme porque la vida, a pesar de todo, ha sido más que generosa conmigo y porque no puedo esperar más a ver qué me depara de ahora en adelante. Así es que, gracias 2015 por tanto aprendizaje. 2016, te espero con los brazos abiertos. ¡Veamos con qué me sorprendes!

Sin comentarios

Escribe un comentario