Coming Soon: Mamá de dos

Una amiga me preguntó hoy si estaba preparada para la llegada de mi segundo hijo. Hablamos de cómo será sentir tanto amor. Sí, mamón y cliché y como quieran llamarlo, pero cierto al fin. Mi mamá siempre me cuenta que cuando estaba embarazada de mi hermano, -que viene después de mí-, tenía terror de no quererlo igual. No entendía cómo se podía amar tanto.

 

Yo por mi parte, jamás he sido «guaguatera». De esas mujeres que se vuelven locas por los niños, cero. Nunca tomé una guagua en brazos. Nunca me llamaron la atención. Y tengo que admitir que, de alguna forma, todavía es así. Tengo que querer demasiado a la mamá de la guagua para que la miniatura me haga tilín. No se mal entienda, considero que tengo un gran corazón, es sólo que no soy una persona que se vuelva loca con el tema. Los encuentro exquisitos, dulces, amo profundamente a muchos niños que tengo a mi alrededor, pero antes de convertirme en mamá la única que logró conquistarme fue mi sobrina Antonia, hija de una prima a quien siento como mi hermana. Recién ahí logré abrirme un poco a esto del mundo infantil. Pero en el fondo, siempre tuve miedo de no tener instinto maternal, especialmente cuando estaba embarazada del primero y aún siendo un hijo absolutamente deseado y esperado.

 

Cuando nació Julián, no fue amor a primera vista. Me emocioné hasta más no poder, sí. Lloré, sí (como loca). Pero, ¿eso de que te pasan a tu hijo y sientes inmediatamente el amor más grande de tu vida? Eso para mí no fue real. Es un momento fuerte, es impactante, es animal, es hermoso. Pero también estás en shock, y no puedes entender que un ser humano acaba de salir de ti.

 

Para mí, el amor fue naciendo con las horas, con los días. Nos fuimos enamorando en el proceso. Y es algo que me he encargado incansablemente de repetirle a mis amigas que esperan a su primer hijo. Conozco muchas mujeres que ven a sus retoños y al segundo sienten un amor profundo e indescriptible, pero conozco muchas otras como yo, a las que ese sentimiento tan fuerte y maravilloso, les va llegando de a poco.

 

Lo increíble de esto es que con este embarazo me ha pasado lo contrario. Es como si el chip maternal ya lo tuviera activado. Ya soy mamá y aunque obviamente uno tiene miedos en un comienzo, hoy, con 36 semanas de embarazo, siento que estoy total y completamente enamorada de mi Martín, y que cuando lo vea, ese sentimiento sólo se va a reafirmar. Como si la segunda vez todo fuera más inmediato. Y mientras escribo esto, veo cómo se me mueve la guata y me emociono sólo de pensar que en unas semanitas más ya estará conmigo.

 

Claro, son otros miedos. Temores distintos. ¿Cómo me las voy a arreglar con dos? ¿Cómo va a reaccionar el mayor?… Pero, ¿el amor de mamá? Uff.. Ése se siente más fuerte con cada patadita.

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