AquaDani: Mi desafío 2015

La situación es la siguiente: En mi primera clase de natación, alrededor de los 4 años, el profesor me tiró a la parte honda de la piscina. Mi mamá, en su defensa, dice que no fue a la primera clase, que yo ya debería haber podido nadar y que por algo no me ahogué. Pero yo me pregunto, ¿qué importa qué numero de clase fue si igual quedé traumada de por vida? Sea como fuese, yo recuerdo intacta la sensación de estarme ahogando. Y, de ahí en más, tomé la decisión de que el agua no iba a ser jamás lo mío. Hasta hoy.

 

Finalmente, y no sé bien cómo, aprendí a nadar estilo «perrito», técnica que he perfeccionado en no más de un 15% con el pasar de los años porque, evidentemente, luego de dicha experiencia, he tratado de mantener una distancia prudente de no menos de 10 metros de cualquier piscina, y de unos 25 metros aproximados si se trata de una de agua helada.

 

Teniendo todo esto en consideración, les paso a aclarar también que, como era de esperarse, tampoco crecí como alguien con espíritu deportivo. Soy floja de tomo y lomo, y esa es mi bandera de lucha. No crean que no lo he intentado. Sé que hace bien, pero oficialmente no es lo mío.

 

El tema es que hoy, a mis 30 años, la situación no da para más. Y sí, irónicamente, acabo de inscribirme -y pagar el año completo-, en clases de natación con un personal trainer EN EL AGUA. Repito: En el AGUA. Es decir, un profesor que se meterá conmigo a la piscina y me hará nadar CON TÉCNICA, metiendo la cabeza BAJO EL AGUA, dos veces por semana, un año completo y… de manera voluntaria. ¿Qué me dicen?

 

No es que me haya vuelto loca así de la nada, ni tampoco que quiera hacerme la valiente. El verdadero asunto es que 1) tengo cagada y media en la espalda y 2) la celulitis y flacidez se están empezando a acomodar demasiado en algunas zonas en las cuales no son bienvenidas. Así que sí, era hora de hacerse cargo y la natación es uno de los ejercicios más completos que existe. O eso dicen.

 

Espero sobrevivir, espero superar mi trauma, y espero poder escribir sobre mi experiencia para motivar a aquellas miedosas y flojas de corazón que se sientan inspiradas con mi historia. Sé que no soy la única.

 

Empiezo en marzo. Tengo todavía un mes para darme cabezazos contra la pared en señal de arrepentimiento. Ya les contaré. Por el momento tengo que ir en búsqueda de uno de esos trajes de baño Speedo bien sentadores y, mejor aún, una gorra plástica que le haga juego. No esperen fotos.

 

(Foto por Jay Wennington)

Sin comentarios

Escribe un comentario