Algo de resiliencia

Cual Ave Fénix, he renacido. No sé si desde las cenizas pero sí de un obscuro hoyo en el que me encontraba hace un tiempo. Tampoco sé si puedo dar el proceso por concluido, más bien creo que estoy en una etapa muy tímida e inicial, pero es un enorme avance y me siento orgullosa de ello.

 

He tenido un año difícil. No quiero entrar en detalles porque la verdad es que me latea seguir hablando del tema, pero en simples palabras este primer año de maternidad de mi segundo hijo ha sido complejo, duro y agotador. Hace meses, en esas horribles primeras noches en vela, visualizaba lejana la fecha en que Martín cumpliría un año como la meta en la cual todos los doctores me decían que se pasarían sus síntomas y hoy, que tiene casi 1 año y 1 mes, sigue exactamente igual y nos encontramos en una nueva pila de exámenes en medio de un punto muerto con su incierto diagnóstico, heme aquí, sentada en mi café/oficina favorito, capuccino extra azúcar en mano, convencida de mi lema de vida de que todo pasa por algo.

 

Y mientras escribo y suena Gotye, me detengo en una frase en particular de Somebody That I Used to Know, que habla justamente de lo que me estaba pasando. «You can get addicted to a certain kind of sadness…»


Y sí. Es difícil romper el hábito adictivo de la tristeza a veces. En especial cuando son los factores externos e inmanejables los que te imponen ese sentimiento, y más aún cuando como yo, se tiene un carácter bien marcado por la melancolía.

 

Años atrás en una situación como la que me encuentro, hubiera ido al psiquiatra. Hubiera manejado mis crisis de angustia con una simple y maravillosa pastillita que hubiese hecho que lo que me estaba pasando se sintiera como un bálsamo en comparación con la realidad. Y no me malentiendan, soy una agradecida de la existencia de esa ayuda cuando uno de verdad lo necesita. Es solo que estoy maravillada y orgullosa de que a mis 31 años, con varias terapias en el cuerpo, hoy tenga la capacidad de salir de un hoyo simplemente porque me lo propuse. Porque ya fue suficiente. Porque de todo, por muy mierda que sea, se aprende algo. Mi situación actual sigue siendo la misma; nada ha cambiado más que los ojos con que la miro. Y en vez de seguir bajoneándome por todo esto, me he ido lentamente maravillando de las oportunidades y bendiciones que la vida me da, por lo importante que es tener pocas pero las mejores amigas, un matrimonio fuerte y sobretodo, ganas. Unas enormes ganas de hacer explotar la bomba de creatividad que tengo adentro y que, de no haber pasado todo esto, no existirían siquiera esos proyectos de los que algún día les contaré.

 

Una buena manera de empezar un nuevo año (calendario judío), ¿no creen?

 

(Foto por Samuel Zeller)

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