Alergia Alimentaria; Detox Forzado

Hasta el día número 12 de la vida de Martín, todo iba perfecto. Dormía increíble, tomaba papa bien y parecía que con este hijo todo iba a ser más fácil, cosa que no me pasó con el anterior. CUEC. Cuando ese día me lo saqué de la pechuga, empezó un llanto que no terminó hasta unas 3 semanas después, cuando no sólo confirmé que sufría de alergia alimentaria, sino que por lo mismo, yo tuve que empezar una desintoxicación extrema de todo lo que no pudiera comer él, porque se lo pasaba a través de la leche.

 

Primero tienen que saber que antes de haber vivido esto, yo era de aquellas mujeres que pensaba que lo de la alergia infantil era casi una moda. Había escuchado de demasiados niños que nacían con esto y no podía entenderlo, y cuando el pediatra me recomendó que lo viera un gastroenterólogo infantil, quien me dijo que todos los síntomas sugerían una alergia, seguí sin creerlo un buen tiempo. Luego vinieron los exámenes con resultados positivos, pero yo, incrédula aún. ¡No podía ser! ¡Si ni yo ni mi marido éramos alérgicos a nada!

 

Y así, casi como en un duelo, primero vino la negación del tipo «esto no me puede estar pasando a mí», o «es imposible que Martín sea alérgico», luego la ira, la negociación, la depresión y, finalmente la aceptación. Cinco etapas que avanzaron rápido principalmente por las ganas de querer que mi hijo no siguiera sufriendo y, segundo, porque me enteré que una muy querida amiga de la infancia con la que había perdido contacto hace años, estaba con la hija igual que yo y su apoyo fue de verdad clave para haber podido seguir la dieta que llevo haciendo por casi 3 meses.

 

Martín salió positivo a la proteína de leche de vaca (PLV) y a la soya. Por lo mismo, desde un comienzo tuve que eliminar de mi dieta todos los lácteos evidentes (leche, yoghurt, quesos, etc.), así como también todo lo que contuviera proteína de suero, caseína, caseinato, ácido láctico, entre muchos otros, que son nombres con los que también se denomina a la PLV. Lo mismo con la soya. Aprendí que la lecitina de soya está presente en casi todos los alimentos por ser un emulsionante, por lo que para mí, que realmente como mal, no fue tarea fácil.

 

Para el 18 de septiembre comí carne de vacuno y fue el peor fin de semana largo que he tenido en la vida. Martín no dejó de gritar de dolor y retorcerse, ni logró dormir en casi 5 días. Claro, después me enteré que el vacuno también tiene PLV, y aprendí que la leche materna se demora casi una semana en limpiarse, por lo que cualquier error, no era fácil de solucionar.

 

Después de esa semana, desesperada porque aún con mi dieta libre de leche y soya aunque estaba mejor, seguía sin estar bien del todo, caí en manos de una nutricionista que veía este tema y tuve que empezar a seguir una dieta aún más extrema. Básicamente comencé a alimentarme de algunos productos orgánicos, pollo o pavo sin marinar, zanahoria, zapallito italiano, manzana y arroz en todas sus formas para lograr una desintoxicación total y, por primera vez, empecé a ver un avance considerable en Martín. La idea era eliminar todos los grupos alérgenos de mi alimentación, por lo que empecé a consumir una dieta libre de gluten, soya, frutos secos, pescados, mariscos, cacao, berries, irritantes, cítricos, colorantes, huevo y  lácteos. Y así con mi amiga Joyce que estaba igual que yo, comenzaron nuestros paseos semanales a los diferentes Jumbo (supermercado con más productos de este tipo), tiendas orgánicas, naturistas, etc, y cada producto que descubríamos que podíamos comer, se convertía en todo un acontecimiento.

 

El tema fue que con todo el esfuerzo, el estrés de la situación y porque empecé a comer considerablemente menos, mi leche también empezó a reducirse, y Martín por ende a quedar con hambre. Con Julián, prácticamente no había tenido leche, por lo que esta vez estaba obsesionada con darle pecho a Martín, y cuando pasó esto, empecé a sacarme muchas veces al día, tomar líquido como loca y además un remedio que se llama Sulpivol (libre de lactosa porque oh, sí, la mayoría de los remedios también contienen leche), para aumentar la cantidad. Iba juntando todo lo que podía para tener la cantidad suficiente y que no quedara con hambre. Me resultó unas semanas, pero a medida que él fue creciendo y necesitando más, tuve que rendirme y dejar de darle la papa de la noche para reemplazarla por un relleno que, además, cuesta 27 mil pesos el tarro que dura dos días y medio.

 

Y así, en este enorme resumen que les hice, llegamos al día de hoy. Día en que decidí dejar de darle pecho y pasar al relleno oficialmente, porque a pesar de todo mi esfuerzo y aunque hubiese seguido dándole pecho feliz, me sale una cantidad ridícula que no lo satisface en absoluto y no tiene sentido mantener una dieta tan extrema como la que estoy haciendo. A pesar de que tengo un poco de pena, estoy tranquila. Hice lo que pude y porque quise por él, pero creo que hay cosas que también tienen un límite. Siempre que me preguntaban hasta cuando iba a seguir con esto respondía: Hasta que sienta que me empiezo a volver loca. Ahí la cosa ya no tiene sentido. Mis hijos (y mi marido), necesitan una mamá cuerda, no alguien irritable y muerta de hambre como andaba todo el día, y aunque las ganas estaban y sentía que todavía podía seguir, mi propio cuerpo me avisaba que ya era hora de parar y lo mismo el de mi hijo, que aún con mi gran gran esfuerzo, y aunque llegó a estar infinitamente mejor que como empezamos, todavía no estaba bien con mi leche.

 

Eso sí, aprendí muchísimas cosas y hoy que empecé de a poco a comer más normal, definitivamente siento que me desintoxiqué de lo mal que venía alimentándome y espero no volver 100% a como comía antes. Soy honesta, no es fácil con los hábitos que tenía. ¡Ojalá que al menos con algunas cosas me dure!

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