25 de noviembre

25 de noviembre, yo a ti debería odiarte. Pero, buenas noticias, he decidido no hacerlo. Voluntariamente, contra todo pronóstico, y aunque me considero algo rencorosa, la de hace cinco años te la voy a dejar pasar. Sería injusto castigar a los demás cuando el podrido fue uno sólo, y tu bien sabes que conmigo la injusticia no va.

 

25 de noviembre, hoy he decidido desheredarte. Te quito el enorme y brillante título de “día de mierda” que te ganaste al llevarte a mi papá, con sólo 51 años y su primer nieto en camino. No quiero darte el privilegio de seguir llenando mi corazón de odio cuando hay tanto, tanto amor que me falta por entregar.

 

25 de noviembre, hagamos un trueque. Hoy te libero, te la dejo pasar. Sólo prométeme que cada vez que te asomes en el calendario, traerás contigo su sonrisa. Que aunque los años pasen, jamás, jamás, dejarás que me olvide del sonido de su voz. Eso es todo lo que te pido, no necesito más.

 

Sé que no fue intencional, y honestamente te perdono. Tan sólo prométeme eso, y tu y yo quedamos en paz. Por este, y todos los 25 de noviembre que vendrán.

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