10 cosas que TIENES que saber antes del parto

Me salté olímpicamente una buena cantidad de tiempo sin escribir y hoy, que mi hijo ya está por cumplir dos meses y habiendo sobrevivido a la aterradora experiencia de un segundo parto, creo que ya puedo hablarles de algunos puntos que me hubiese encantado que alguien me contara antes de parir al primero.

 

1. Tus partes íntimas dejan de ser íntimas. ¿Eres pudorosa? Después de esta experiencia dejarás de serlo. Tus piernas abiertas serán como un cuadro que todo personal de la clínica que esté a tu alrededor apreciará como una obra de arte. Relájate, ríete, olvídate y…depílate.

 

2. La epidural toma su tiempo. Pídela antes de que sea demasiado tarde. Admiro y respeto profundamente a aquellas mujeres que deciden tener un parto natural, pero no es lo mío. Si piensas como yo, ten en consideración que la epidural es el mejor invento de la historia, pero que a su vez, se demora en ser aplicada y en hacer efecto. Si vas en camino a un parto normal, no importa donde esté tu pareja, al que no tienes que perder de vista jamás es al anestesista. Dato extra: A muchas les da por temblar histéricamente como efecto de la epidural. A mí me pasó. Es normal.

 

3. Lavado de estómago… O no. Mi doctor me dijo que no me iba a hacer un lavado en este parto, pero yo se lo pedí a la matrona. Dignidad ante todo.

 

4. Puede que no sientas amor de inmediato. Emoción, incredulidad, shock, nerviosismo… ¿Pero amor? Aquí te cuento con más detalle lo que me pasó a mí.

 

5. Cansancio extremo; pérdida de sentido de tiempo y espacio. Después del parto me invadió una hiperventilación impresionante. El corazón a mil por hora y ganas de querer comentar todo con todo el mundo, mandar fotos, responder chats, etc. Hasta que se te pasa el efecto de la anestesia y empiezas a darte cuenta de lo que se sentiría si te hubiese atropellado un camión. Eso, que se demora un tiempo en pasar, sumado al agotamiento extremo que sentirás durante los meses que siguen, te hacen vivir en una especie de limbo maternal en donde el mundo sigue girando a tu alrededor pero tu no te enteras. No sabes qué día es, qué hora es y, si tienes otras obligaciones (como llevar a tu hijo mayor al jardín, como es mi caso), empiezas a mirar a la gente con otros ojos. No puedes creer que hay vida ahí afuera y aunque el día esté nublado, te duelen los ojos al aire libre. Esto dura mucho más cuando acabas de tener a tu primera guagua. Cuando ya tienes otro, no queda más que ponerte lentes de sol y volver a adaptarte a la vida real.

 

6. Muy de la mano con el punto anterior: Las primeras semanas serán las peores de tu vida. Y es normal, sobretodo si eres primeriza. Partamos de la base de que tu cuerpo está embarazado aún, pero sin tener una guagua adentro, siguiendo con la simple razón de que ¡sorpresa!, te convertiste en vaca. Agreguemos además, el cóctel de hormonas que te acompaña 24/7 y te hace llorar por CUALQUIER cosa. Como si esto fuera poco, tienes un punto chico junto a ti que llora sin que sepas por qué y eso es sólo si tienes suerte. Si tienes una guagua tranquila los primeros días, no cantes victoria. Los cólicos, reflujos y alergias se demoran unas semanas en aparecer. Créeme.

 

7. Tu marido puede querer apoyar, pero admitámoslo, esto es algo entre tú y tu hijo. Yo tengo un excelente marido. De verdad no puedo decir nada al respecto. Me ayuda en todo lo que puede, es un papá full comprometido, pero aún así, las pechugas las tengo yo y con eso basta para entender que aunque él quiera con todas sus ganas, en el 99% de los casos no va a poder calmar a nuestro hijo. Al menos los primeros meses ellos nos necesitan sólo a nosotras y aunque eso sea hermoso, hay momentos -especialmente entre las 2 y las 6 am-, en que nos encantaría que no fuera así.

 

8. Si te criticaban en el embarazo, espérate después. Cuando nace una guagua, nacen también los opinólogos. Amigas bien intencionadas, familiares, cuñados, suegros y abuelos que creen que saben absolutamente todo, que sus consejos son los mejores y que, peor aún, tienen siempre la razón y el derecho a criticar tu crianza. Señores, por mucho que los queramos entérense de que esto también es nuevo para nosotras y que, además, al hijo lo parí YO. Si llora, no siempre significa que tiene hambre, abuelita. Si no quiero sacarlo a todos lados cuando tiene dos semanas de vida y está lloviendo a cántaros, no quiere decir que estoy criando a un niño burbuja, y si decidí ponerle ese nombre, no puede interesarme menos que a Ud. no le guste. Consejo sabio: Haga como que escucha, asienta con la cabeza, y retenga sólo la información útil. El resto puede desecharlo.

 

9. Dar papa; todo un mundo. A algunas les gusta, a otras les carga. Dar pecho es algo tan personal como la elección de tu ginecólogo. Si bien estoy de acuerdo con que la lactancia materna es lo mejor para tu hijo/a, pucha que es complicado a veces. Que no succiona bien, que te usa de chupete, que se queda dormido tomando, que te hace heridas… Uff.. Por suerte no he tenido mayores problemas con este tema, pero tengo varias amigas que sí. ¿Y si no tienes leche? Bueno, qué tanto… Con mi hijo mayor casi no tuve, le di lo que más pude y ya. Es un niño sano, hijo del relleno. Hoy tengo mucha y pretendo darle lo que más pueda siempre que para mí también signifique estar relajada con eso. El día que no sea así, y que se transforme en una complicación, será el día que decida dejar de hacerlo, especialmente por que mi hijo está con alergia alimentaria y, por ende, yo con una dieta terrible. Pero en fin. Mi lema es: Mejor mamá cuerda.

 

10. Ser mamá es lo más maravilloso que te puede pasar. A pesar del sueño, del cansancio, del estrés, la duda y de todo lo que conlleva, la maternidad marca definitivamente un antes y un después en la vida. Yo trato de acordarme qué hacía antes con tanto tiempo libre y realmente no lo entiendo. No me acuerdo muy bien de cómo era antes de mis hijos, es como si hubiesen estado aquí siempre, como si lo que viví años atrás fuese parte de otra vida. No hay un amor como el de madre y sentir que una cosita tan chiquitita depende tanto de ti, es lo más increíble y atemorizante que te puede pasar. Esas noches insomnes en donde crees que ya no puedes más, pasan a ser las más alegres cuando a las 5 am y sin haber dejado de llorar hace horas, hacen una pausa sólo para dedicarte una de sus primeras sonrisas y hacer que inmediatamente todo valga la pena. Hoy lo único que sé es que intento ser mejor persona para ellos, para que estén orgullosos y aprendan no sólo con palabras, sino con el ejemplo. Me importa que se sientan seguros, amados incondicionalmente y por sobretodo, felices.

 

(Foto por WEB AGENCY)

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